El caso de Teotihuacán no es aislado. En todo el mundo, sitios históricos enfrentan el mismo dilema: cómo garantizar accesibilidad sin alterar su esencia.
La discusión en México refleja una tensión entre derechos contemporáneos y la preservación del pasado. Mientras algunos países han optado por soluciones tecnológicas, otros mantienen restricciones estrictas.
El papel de la UNESCO ha sido clave en establecer lineamientos que priorizan la conservación, pero también promueven la inclusión desde enfoques alternativos.
El reto, coinciden especialistas, no es modificar el patrimonio, sino replantear la forma en que las personas pueden interactuar con él sin poner en riesgo su permanencia para futuras generaciones.
